Algunos de los motivos habituales por los que las personas empiezan terapia.
Cuando tu mente no desconecta, anticipas constantemente lo que podría ocurrir o sientes que necesitas tenerlo todo bajo control.
Cuando la tristeza, la falta de energía o la pérdida de interés empiezan a afectar a tu día a día.
Cuando la autocrítica, la inseguridad, la exigencia o la dificultad para gestionar lo que sientes empiezan a generar malestar.
Cuando te cuesta decir que no, expresar lo que necesitas, establecer límites o aparecen dificultades que se repiten en tus relaciones.
Cuando atraviesas una nueva etapa, una decisión importante o una situación que requiere adaptarte a una realidad diferente.
Cuando una pérdida, una separación o un cambio de país está teniendo un impacto emocional en ti.